
“Esta es una película que celebra la vida. Cuando observas la vida silvestre de forma tan detenida y prolongada, dejas de ser un extraño para sumergirte en su universo. Al final, no hay otra forma de entender a la naturaleza que desde nuestra propia humanidad; por eso, observar este hábitat es, invariablemente, una forma de observarnos a nosotros mismos”.
Lorenzo Hagerman
La naturaleza en acción siempre es un espectáculo digno de verse. Gracias a la lente de investigadores y científicos quienes trabajan con empresas como National Geographic o al trabajo especializado de hombres que dedican su vida a estudiarla como Jacques Cousteau, hasta llegar a los esfuerzos de grandes cineastas por capturarla, es la forma a través de la cual hemos podido conocer sus grandes secretos, y también atestiguar las batallas cotidianas por la supervivencia, y llegar a comprender la importancia de la presencia de la flora y fauna y su delicado balance para este mundo que compartimos con ellas.
Lorenzo Hagerman, realizador cuya labor en el documental ha oscilado entre la política (0.56% ¿Qué le pasó a México, 2010) y el factor social/humano (Fifaliana, 2022) ahora en Flamingos: la vida después del meteorito (2025), dirige su mirada a una especie de aves de suma peculiaridad y belleza por igual: los flamingos caribeños, enfocándose en su ciclo de vida, todo estructurado a través de textos y poesía del escritor Ajo y relatado por la voz de la cantante mexicana Julieta Venegas, consiguiendo con esas combinaciones un resultado aceptable.
Uno de sus ejes argumentales remite a ese exitoso documental francés ganador del Óscar, La Marcha de los Pingüinos (La Marche de l'empereur, Jacquet, 2005), y alude a la búsqueda de una pareja con fines de apareamiento. Hagerman encuentra el momento indicado cuando ocurre este momento crucial en el ciclo de vida de estas aves tropicales las cuales constantemente luchan por la supervivencia de su especie y eso es también parte de su mirada. Tratándose de un experimentado cinematógrafo, el director obtiene con su lente momentos de belleza que impactan al espectador.
Es necesario señalar que la cinta fue filmada en varios rodajes a lo largo de más de dos años. Hagerman fue asesorado por especialistas del denominado Flamenco del Caribe (Phoenicopterus ruber) para así poder forjar esa mirada íntima al ciclo de vida de los mismos, captando sus rituales de cortejo, la construcción de sus nidos y el crecimiento de sus polluelos quienes terminan formando una colorida colonia rosada, pero la cual depende de la delicada dinámica ecológica de su entorno. Algo que, como está ocurriendo en otros puntos del planeta, está siendo afectado por el cambio climático y el impacto de las actividades humanas.

Otro punto brillante que refuerza al documental es, sin duda, la musicalización del compositor Bryce Dessner, quien logra brindarle un toque especial a la experiencia visual sobre estas aves tropicales.
Pero en contraste, la voz de Venegas no fue la mejor decisión, al ser incapaz de manejar inflexiones y matices de voz, haciendo una narración plana la cual no transmite la emotividad necesaria acorde a las escenas y momentos del documental.
Otra de las flaquezas de Flamingos: la vida después del meteorito, parte de su intención de atraer a toda clase de público, lo cual le hace caer en las fórmulas típicas propias de estos documentales. De hecho, en 2009 Disney Nature realizó un proyecto similar titulado El Misterio de los Flamencos (The Crimson Wing: Mystery of the Flamingos, Aeberhard y Ward, EUA), donde muestra a aquella especie pero teniendo como escenario Tanzania y no los humedales al norte de la península de Yucatán.
Además de tener de estelares a esta bella ave, el proyecto de Hagerman comparte con la otra producción Disneyniana ese sentido "rosa" de evitar mostrar los momentos duros y crudos a los que también se enfrentan cotidianamente. Por ejemplo, se ve por ahí a un cocodrilo, uno de sus principales depredadores; pero no hay una sola escena donde se ilustre claramente esa situación de riesgo. Y como esos, muchos otros factores a los cuales el documental elude para tratar de mantener su aire ligero, amable y familiar. Y es ahí cuando se desmarca de la obra antes mencionada de Jacquet y sus pingüinos, quien si comprende cabalmente que el peligro y la muerte forman parte del ciclo de la vida, y no evita hablar de ellos.
Con todo y estos equívocos, el filme consigue un hermoso retrato de uno de los fenómenos naturales más impresionantes de nuestro país: la llegada y presencia de miles de flamingos rosados quienes cada año transforman el paisaje en una vibrante y colorida colonia, la cual sigue luchando por su supervivencia hasta nuestros días.
Y aquí es importante mencionar que, asistiendo a ver este documental, el espectador también puede contribuir en la preservación de estas y otras especies silvestres, porque tanto Hagerman como los productores se han comprometido a destinar los recursos obtenidos por su exhibición, a proyectos de conservación liderados por la Fundación Pedro y Elena Hernández, A.C. y Transformación, Arte y Educación, A.C., mostrando así un compromiso a través del arte -y de esta bella historia- el cual trasciende las pantallas.
Dirección: Lorenzo Hagerman
Guion: Lorenzo Hagerman y Ajo
Narrado por: Julieta Venegas
Fotografía: Lorenzo Hagerman, Eric Liner, Tim Laman y Gerrit Vyn
Música: Bryce Dressner
Edición: Lorenzo Hagerman, Cetina Geo y Miguel Labastida Gonzalez
Compañía Productora: Cactus Film and Video, La Vaca Independiente y Pimienta Films
Distribuidor: Pimienta Films
Fecha de estreno: México, 26 de marzo de 2026.
País: México, 2025.
Duración: 81 minutos.
Puedes ver el tráiler de la película aquí.