Buena suerte, diviértete, no mueras: cuando la IA nos alcance

2026

A veces es necesario darse un respiro para recalcular, enfocar y volver a crear. Después de su último largometraje, La cura siniestra (A Cure for Wellness, 2016), el director y productor estadounidense Gore Verbinski decidió tomarse las cosas con mucha calma.

El oriundo de Tennessee se mudó a California con su familia en 1967, graduándose en la UCLA. Dedicado a hacer comerciales, fue hasta mediados de los 90 en que, gracias a Un ratoncito duro de cazar (MouseHunt), deja su primera impresión en Hollywood. Autor del remake de El Aro (The Ring, 2002), la muy entretenida trilogía original de los Piratas del Caribe (2003-2007) y ganador del Óscar por la película animada Rango (2011), el cineasta regresa después de 9 años alejado de la pantalla grande, con una comedia de ciencia ficción bastante reflexiva titulada Buena Suerte, Diviértete, No Mueras (Good Luck, Have Fun, Don't Die), donde a través de un humor negro recalcitrante, elabora una moraleja sobre nuestro presente, amenazado por el uso de la Inteligencia Artificial.

Buena Suerte, Rockwell: el héroe involuntario

El argumento escrito por Matthew Robinson (La Invención de la Mentira, 2009; Amor y Monstruos, 2020), nos presenta a un disparatado hombre del futuro (Sam Rockwell), ataviado de un traje al estilo del usado por Bruce Willis en 12 Monos (Twelve Monkeys, Gilliam, 1995) quien llega a un restaurante para reunir un determinado grupo de personas los cuales sean la perfecta combinación para salvar a la humanidad de un fatídico destino.

Verbinski crea con ese hombre del futuro un personaje anónimo con pinta de cualquier cosa menos de ser un héroe. Sin embargo, Rockwell y su gran interpretación se vuelve la guía desde la cual toda la trama va desprendiéndose, a la vez que funciona a manera de ancla para esta locura. Gracias a sus reiterados fracasos, se empecina en escoger a los integrantes correctos de la ecuación ideal para cumplir con la misión encomendada. El realizador saca provecho de la desfachatada y andrajosa apariencia de su protagonista para vender su concepto de modo cómico pero también amenazador.

Por su parte, el ganador del Óscar en 2018, abraza por completo esa desfachatez, suciedad y brutal honestidad rayando en la demencia, y muestra también un lado sensible mientras ahondamos en su pasado y sus motivaciones para tratar de salvar al mundo de un futuro al cual no quiere volver a enfrentarse. Asimismo, el histrión es capaz de ir de la seriedad absoluta a la comedia absurda intempestivamente. Algo que le viene bien a un líder quien, aunque su prioridad no es erigirse en un héroe, lo es de forma casi involuntaria.

Terminator, Black Mirror y el miedo a la tecnología

Es claro que el relato armando por Robinson y dirigido por Verbinski se alimenta de la escuela de ciencia ficción ochentera, estirando sus influencias hasta tiempos modernos en los cuales las redes sociales, el internet y la tecnología misma han crecido de forma increíble, dando pie a escenarios donde existe el riesgo de resquebrajar el tejido de nuestras relaciones humanas. Aunque Isaac Asimov y Philip K. Dick en sus respectivas obras literarias ya nos advertían de estos avances y el inminente problema que ellos traerán a nuestra especie, nunca habíamos estado tan cerca de eso como ahora.

El cineasta explota, de forma evidente, el tropo del viajero del tiempo quien busca detener el apocalipsis, teniendo su representación más popular en el gran filme de ciencia ficción de James Cameron, Terminator (1984). El hombre del futuro está en deuda con aquellos otros viajeros temporales que buscan evitar el final de la raza humana, irónicamente propiciado por ella misma. Rockwell tiene mucho de Kyle Reese (Michael Biehn), pero también de James Cole (Willis) en el ciberfuturo trágico de los 12 Monos de Gilliam. Esa peculiar mezcla marca su personalidad, e incluso dictamina el rumbo por el cual la historia llevará al espectador.

Los reclutas del mismo merecen una mención aparte. Sus subtramas individuales captan el alma capitular de la serie sensación creada por Charlie Brooker, Black Mirror (2016–presente). A pesar de redundar en varios puntos ya tratados en episodios previos de ese show, los dilemas a los que se expone cada integrante de esa misión suicida son necesarios para armar con ellos un gran rompecabezas acerca de esa oscuridad la cual se está poco a poco gestando entre la sociedad, tomando el poder de las voluntades individuales y transformado a las personas en zombies digitales quienes no pueden despegarse de una pantalla

Ese es el corazón de esta narración, en contraposición a otras cintas donde se ha querido vender la idea de que la Inteligencia Artificial no es mala, derivando en descarados comerciales pro IA. Es ahí donde Verbinski declara sin temor que en sí, la tecnología no es el gran villano del relato, sino la especie humana y nuestras pésimas decisiones al momento de usarla, fomentando la ruptura de los lazos sociales.

Con todo y que resulta un tanto predecible, ciertamente el retorno de Verbinski pone en la mesa interesantes discusiones sobre un destino el cual parece habernos alcanzado y está a nada de rebasarnos. Más allá del elemento fantástico del argumento, el autor da prioridad a una amarga resolución apartada del conformismo y se esmera en enfatizar, de manera inteligente y cómica, las problemáticas que están conduciendo a nuestra especie a su perdición.

Diviértete y no mueras: la locura de la nueva realidad

El trasfondo de los personajes alrededor del hombre futurista juega con factores del cine serie B muy rescatables. Particularmente el de una chica alérgica a las señales de wifi, algo que en sí mismo funciona como un gran ironía para la era en la cual vivimos. Y en general, todos ellos poseen una falla, albergan un dolor o tienen tras de sí alguna cuestión que termina por ayudarles a completar la misión… o contribuir siendo mera carne de cañón para la misma.

El ensamble actoral genera una química muy divertida y funciona como el perfecto motor satírico de la "nueva realidad" en la cual están viviendo, misma que tiene muchos puntos en común con el mundo real. Y Verbinski vaticina de forma directa ese mensaje al mostrar un espectacular con esa leyenda de forma introductoria a este universo y su peculiar grupo.

A ello hay que sumarle la música de Geoff Zanelli (La Ventana Secreta, 2004; la serie The Pacific, 2010), un experimento interesante entre la exaltación heroica combinado con el sonido electrónico, dándole una esencia ecléctica a la partitura. Por su parte, la edición de Craig Wood contribuye a que el ritmo de la producción no sea cansino ni desbocado. La fotografía de James Whitaker maneja una paleta de colores azul y amarilla con un toque hiperrealista en donde destaca la luz del amanecer a modo de contrapunto para aquello que los humanos hemos olvidado al vivir metidos en una artificialidad imaginaria y conformista.

El personaje de Rockwell menciona que gracias a los celulares y las redes sociales, ahora la sociedad tiene una nula capacidad de raciocinio. La mordacidad detrás de ello manifiesta a un realizador con fobia no a la tecnología, sino a la estupidez humana, reflejada en una actualidad poblada de presidentes tontos y falsos líderes de opinión jodiéndolo todo. El tiempo que pasamos en los celulares es más largo y todo parece estarse yendo al caño sin darnos cuenta del fin de todo el cual puede estar más cerca de lo pensado. El progreso solo se da cuando los avances ayudan a cambiar las cosas y no al revés. Para el hombre del futuro, han pasado 117 intentos y contando, pero al menos tiene la suerte de poder seguir intentándolo.

Es ahí cuando resuena la moraleja de este relato fársico y entretenido de ciencia ficción. Atrevida, ingeniosa y poco conformista, Buena Suerte, Diviértete, No Mueras llega en un tiempo perfecto para evitar que todo se vaya al carajo... ¿o tal vez ya no?

Dirección: Gore Verbinski

Guion: Matthew Robinson

Con: Sam Rockwell, Haley Lu Richardson, Michael Peña, Zazie Beetz, Juno Temple y Asim Chaudhry

Fotografía: Jim Whitaker

Edición: Craig Wood

Música: Geoff Zanelli

Compañía Productora: Universal Pictures, Blind Wink, WAM Films, 3 Arts Entertainment, Constantin Films y Robert Kulzer Productions

Distribuidor: Corazón Films

Fecha de estreno: Estados Unidos, 13 de Febrero de 2026; México, 9 de abril de 2026.

País: Estados Unidos, 2025.

Duración: 135 minutos.

Puedes encontrar el tráiler aquí.

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