Evil Dead: en llamas. Alice a través de los infiernos

2026

En 1981, el entonces incipiente autor Sam Raimi lanzaría Evil Dead, una película de terror de bajo presupuesto y protagonizada por actores prácticamente desconocidos. Nunca se imaginó que dicha producción haría historia y se convertiría en uno de los mejores filmes del género y del cine clase B.

Rebautizada en nuestro país como El despertar del Diablo, la cinta fue tan exitosa que generó dos secuelas: El despertar del Diablo 2 (Evil Dead II, 1987) y El ejército de las tinieblas (Army of Darkness, 1992). Dicho tríptico se volvería, con el tiempo, en un referente obligado dentro del cine de horror.

En 2013, ese universo concebido por Raimi sería resucitado en la pantalla grande gracias a Posesión infernal (Evil Dead), producida por él y dirigida y coescrita por el debutante cineasta uruguayo Federico Álvarez. A este reinicio de la franquicia le seguiría Evil Dead: El despertar (Evil Dead Rise) de 2023, realizada y escrita por el irlandés Lee Cronin (El bosque maldito, 2019).

Ahora se completa la trilogía con Evil Dead: En llamas (Evil Dead Burn, 2026), con el francés Sébastien Vaniček al timón, quien tuvo un afortunado debut en el género con el largometraje Arácnidos (Vermines), estrenado en 2023, curiosamente el mismo año en que fue lanzada Evil Dead: El despertar.

La trama de esta nueva entrega arranca tras los acontecimientos ocurridos en su predecesora. Y en este caso involucra a Will (George Pullar) y Alice (Souheila Yacoub),un matrimonio joven quienes se encuentran festejando en un antro junto al hermano menor del primero llamado Joseph (Hunter Doohan) y su pareja Thya (Luciane Buchanan), los cuales atestiguan un desencuentro desagradable entre los cónyuges -desatado por un incidente con un cigarro- y Will, enfurecido y ebrio, sube a su automóvil alejándose de ellos a toda velocidad. En algún tramo desolado del camino, el joven se topa con Jessica (Greta Van Den Brink), la entidad sobrenatural conocida como Deadite, y a consecuencia de ello muere de una forma horrible.

Acatando los protocolos sociales, Alice acompaña en los servicios funerarios a sus suegros Edgar (Erroll Shand) y Susan (Tandi Wright) así como a su cuñado Joseph y a la abuela de él, Polly (Maude Davey). Y la ceremonia transcurre enmedio de un ambiente enrarecido y un tanto incómodo, ya que por un lado los padres del fallecido le ven con cierto recelo, responsabilizándola del “accidente” que le costó la vida a su hijo. Por su parte Alice ha decidido partir y dejar todo atrás, por motivos los cuales van más allá del luto, pero decide no hablar de ellos.

Con todo, su parentela política decide invitar a Alice a cenar con ellos, y pasar la noche en una casona propiedad de la familia del occiso, ubicada en lo profundo de un bosque. Pero ninguno de ellos imagina que la entidad responsable de la muerte de Will, le contaminó de su naturaleza diabólica, y él a su vez se la transmite a otro integrante de su familia sin que el resto de la misma lo sepa. Y por ello, una velada de por sí muy tensa, gradualmente se torna una delirante y sangrienta pesadilla, donde buena parte de los personajes terminan convertidos  a su vez en rabiosos y grotescos Deadites. Pero también se revela que la presencia de esos seres en esa casa no es obra de la casualidad…

Aunque conserva varios de los elementos importantes de la franquicia, esta tercera parte (sexta si contamos las tres originales) presenta algunas diferencias notorias. Una de ellas tiene que ver con su puesta en escena, donde si bien abundan las escenas propicias para el gore y los sobresaltos propios de las entregas anteriores, la violencia acá tiene una tonalidad distinta, siendo aquí más corporal, visceral y perturbadora, emparentándola por momentos con algunos títulos del Nuevo Extremismo Francés, como Mártires (Laugier, 2008) Instinto siniestro (Bustillo y Maury, 2007) o La frontera del miedo (Gens, 2007).

Ésta decisión no obedece solo a una cuestión de estilo, sino que responde a ciertas necesidades del argumento escrito por Vaniček y Florent Bernard, el cual aborda frontalmente temas como la descomposición del núcleo familiar, las relaciones enfermizas y codependientes, y sobre todo el machismo, la misoginia, la violencia doméstica, hasta llegar incluso al feminicidio, representado en una de las escenas más brutales de la película.

En ese sentido, en algún punto del filme el espectador es consciente de que Alice se encuentra atrapada no en uno, sino en dos escenarios infernales. El primero es el creado por la entidad sobrenatural la cual, so pretexto de recuperar algo oculto en esa casa, deja tras de sí destrucción y muerte. Pero el segundo resulta mucho más siniestro, porque emana no de un ser demoníaco ancestral, sino de aquellos quienes supuestamente debían amarla y protegerla.

Así es, la protagonista ha sido víctima de varios tipos de maltrato (físico, emocional, psicológico), por parte de su esposo antes de su fatal sino. Y su familia política están conscientes de ello, pero no hacen nada al respecto, excepto guardar un silencio cómplice. Y lo que es peor: tratan de justificar la conducta de Will, mientras a ella la menosprecian y minimizan, y más adelante abiertamente la culpan de la muerte de su hijo.

Esta situación es aprovechada por la presencia del Deadite, y ello da pie a una de las revelaciones más fascinantes de la cinta (y la cual ayuda a redondear la idea trabajada desde su guion): ese ser no es la raíz de la maldad que invade y consume a sus personajes, sino más bien su presencia sólo potencia la malevolencia, descomposición y agresividad existentes en ellos de antemano, e incluso podría decirse que se nutre de ella. Es decir, cualquier ser humano alberga una semilla maligna la cual, en el momento menos esperado, puede aflorar.

Es probable que aquellos fanáticos de la franquicia (especialmente aquellos muy puristas) sientan esta entrega muy alejada de la esencia de Evil Dead. Y quizás no les falte razón, porque claramente Sébastien Vaniček y Florent Bernard quisieron darle otra dimensión y explorar a través de sus elementos otras temáticas, algunas de las cuales interesaban ya al primero desde su primer largometraje, haciendo que por momentos el drama que asola a los integrantes de esa familia altamente disfuncional, se imponga sobre la narración fantástica. Pero no significa que por ello sea fallido, sino todo lo contrario.

Se dice que las terceras partes nunca fueron buenas, pero en el cine de horror hay varios ejemplos los cuales demuestran lo contrario, y lo lograron justamente por apartarse (poco o mucho) del canon de donde se inspiraron: Halloween III: El imperio de las brujas (Halloween III: Season of the Witch, Tommy Lee Wallace, 1982); El día de los muertos vivientes (Day of the Dead, George A. Romero, 1985); El exorcista III (The Exorcist III, William Peter Blatty, 1990)... y seguramente a ellas se sumará Evil Dead: en llamas.

Evil Dead: en llamas (Evil Dead Burn)

Dirección: Sébastien Vaniček.

Guion: Florent Bernard y Sébastien Vaniček.

Con: Souheila Yacoub, Tandi Wright, Hunter Doohan, Luciane Buchanan, Errol Shand, Maude Davey y George Pullar.

Fotografía: Philip Lozano.

Edición: Maxime Caro.

Música: Double Danger.

Compañía Productora: New Line Cinema, Screen Gems, Ghost House Pictures.

Distribuidor: Sony Pictures México.

Fecha de estreno: Estados Unidos, 10 de julio 2026, México, 8 de julio 2026.

País: Estados Unidos, 2026.

Duración: 110 minutos.

Puedes ver el tráiler aquí.

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