Por: José Antonio Valdés Peña
Un joven sirio acepta convertir su cuerpo en el lienzo viviente de un tatuador reconocido para conseguir el dinero necesario y emigrar a Europa. Tras una agresión sexual, una joven mujer tunecina atraviesa el infierno de la burocracia en busca de justicia. Una cineasta sigue el rastro de un agresor sexual el cual, a bordo de una motocicleta y armado con una navaja de afeitar, agredió a varias mujeres en las calles de Túnez. La madre de dos hijas, quienes se sacrificaron por el radicalismo religioso, siente cómo estas reviven gracias a la ficción que se funde con un documental sobre su tragedia.
Tales son las historias que la realizadora Kaouther Ben Hania ha decidido narrar en su breve pero impactante filmografía, entre el documental y la ficción, reconocida en los más importantes festivales cinematográficos del mundo y tres veces candidata al Oscar en las categorías de mejor largometraje documental y película internacional, con obras como La navaja de Túnez (Challatt Tunes, 2014); La bella y la jauría (ʿAlā kaff ʿifrīt, 2017); El hombre que vendió su piel (ar-rajul allaḏī bāʿa ẓahrahu, 2020) y Las cuatro hijas (Banāt Olfa, 2023). Su estilo cinematográfico busca un impacto emocional en el espectador mediante la utilización del plano secuencia el cual no da respiro, la cámara en mano que transmite una asfixiante inestabilidad y los primeros planos mediante los cuales busca retratar el alma de sus atribulados personajes.
Narrativamente, la directora apuesta por caminar en el peligroso filo entre el documental y la ficción, proponiendo incluso que personajes ausentes en su trama cobren vida a través de actores profesionales, buscando la reacción de quienes protagonizan sus documentales. Entre sus temas se encuentran la migración como única opción de supervivencia, la búsqueda de justicia para las mujeres en las sociedades árabes contemporáneas, el fanatismo religioso de ciertos sectores islámicos y sus trágicas consecuencias, o bien, la tragedia la cual, minuto a minuto ocurre en el devastador conflicto entre Palestina y el Estado de Israel.
Su más reciente trabajo, La voz de Hind Rajab (Ṣawt Hind Rajab, 2025), producido por algunas de las personalidades más destacadas de la alta cúpula hollywoodense cuyas voces críticas son escuchadas por millones en el orbe y estrenado mundialmente en la Muestra de Arte Cinematográfico de Venecia, certamen donde obtuvo el Gran Premio del Jurado, se refiere a una nueva tragedia, ocurrida al amanecer del 29 de enero de 2024 en una zona de conflicto en Gaza. Colaboradores de la Media Luna Roja recibieron una primera llamada telefónica en la cual la voz de una niña palestina de 6 años cuyo nombre era Hind Rajab, pedía auxilio a los rescatistas, diciendo encontrarse en el interior de un automóvil, rodeada por familiares asesinados por el ejército israelí y en medio de un devastador tiroteo.
El rescate de la menor se vuelve prioridad para los protagonistas del filme, profesionales de la salud y los servicios de socorro que la autora retrata en medio de una emergencia. Por fortuna para el impacto del relato, los personajes se encuentran muy lejos de ser los héroes todopoderosos con los cuales el cine tradicional de Hollywood salva al mundo repetidas veces. Filmados siempre con cámara en mano, incluso cuando se encuentran sentados ante un escritorio, los socorristas se topan con un burocrático protocolo de auxilio por el cual, de entrada, necesitan el permiso del ejército israelí para echarse a andar. Entre las solicitudes de autorización circulando bajo los mandos militares, la adrenalina de los intérpretes al límite al saber que el tiempo apremia para la menor en peligro y la voz de Hind Rajab, quien detalla cada vez más los horrores atestiguados desde su escondite, Kaouther Ben Hania construye un argumento cimentado en transmitir al espectador una total empatía hacia los rescatistas y, sobre todo, en crear entre el público una sensación de esperanza la cual sencillamente eleva su intensidad al jugar con la esperanza de que la ayuda llegará a tiempo para la pequeña atrapada entre los horrores de la guerra.
Filmada por entero en una sola locación (la estación de los rescatistas y sus oficinas) y con histriones profesionales quienes viajan emocionalmente de la posibilidad de éxito a la desesperanza, la cinta contiene un elemento clave para no dejar duda de la verosimilitud de su relato. Se trata de la grabación de las llamadas de la propia Hind Rajab desde un teléfono móvil hacia los rescatistas de la Media Luna Roja. Esa voz infantil alcanza resonancias universales las cuales van más allá del conflicto bélico donde tiene lugar la historia. Es una niña pequeña quien, como millones de infantes, experimenta una brutalidad que no comprende. Una voz la cual conmueve a un puñado de seres humanos quienes pondrán lo mejor de sí para rescatarla, atrapados por una burocracia criminal. En una era en donde el mensaje de texto es suplente de la llamada telefónica para escuchar la otra voz en el auricular, La voz de Hind Rajab demuestra el poder de la voz humana y su poderosa capacidad para conmover.
Sus imágenes finales permiten a la cineasta dar nuevamente el salto de la ficción al documental. Breves imágenes registradas con un teléfono celular ponen sobre la mesa cómo el horror cotidiano termina por devorarse a cualquier guion cinematográfico. Son imágenes que no dejan duda sobre la verosimilitud de lo narrado. Y el efecto final en el espectador es devastador. Los rezos abundantes en el largometraje pidiendo la intervención divina resultarán inútiles. En este mundo ya no estamos para finales felices.
La voz de Hind Rajab (Ṣawt Hind Rajab)
Dirección: Kaouther Ben Hania.
Guion: Kaouther Ben Hania.
Con: Saja Kilani, Motaz Malhees, Amer Hlehely, Clara Khoury y Rana Hassan Faqih
Fotografía: Juan Sarmiento G.
Edición: Qutaiba Barhamji, Maxime Mathis y Kaouther Ben Hania.
Música: Amine Bouhafa.
Compañía Productora: Mime Films, Tanit Films, Film4, MBC Studios, Watermelon Pictures, Plan B Entertainment, Sunnyland Film.
Distribuidor: Cine CANÍBAL.
Fecha de estreno: Túnez, 10 de septiembre de 2025; México, 12 de febrero 2026.
País: Túnez-Francia, 2025.
Duración: 89 minutos.



