Proyecto Fin del Mundo, una memorable épica de ciencia ficción

La ciencia ficción nos confronta con nuestros dilemas como humanidad, pero también nos señala caminos posibles. En la década de los 50 (y derivado de la segunda oleada de terror rojo en contra del comunismo), Hollywood había usado ese recurso narrativo para temerle a los “alienígenas” quienes venían a conquistarnos o destruirnos.

Fue en la década de los 60 que el género viró hacia otra vertiente en la cual, gracias a un grupo de exploradores de diferentes razas, edades y hasta especies, decidió valientemente ir a donde nadie ha ido jamás en Viaje a las Estrellas (Star Trek) de Gene Rodenberry. Tras la carrera espacial y el aterrizaje (o no) en la Luna, muchas obras centraron su mirada en una población saturada de comerciales y obsesionada con la inmediatez, en la que los robots y androides nos superan gracias a su inteligencia superior. 

En pleno panorama mundial en el cual los gobernantes hacen guerras y fomentan la división entre nuestra propia especie o población, nuevamente llega un trabajo de ciencia ficción que nos muestra otra vía. Una hacia la empatía, la comunicación y la comprensión donde para sobrevivir a la adversidad, debemos hacer lazos, en lugar de destruirnos mutuamente.

Nos referimos a la adaptación de la más reciente adaptación cinematográfica de una novela del escritor Andy Weir (Misión Rescate, 2015) titulada Proyecto Fin del Mundo (Project Hail Mary, 2026) donde los versátiles directores Christopher Miller y Phil Lord toman las riendas de una épica de ciencia ficción para ahondar en temas como el heroísmo, la soledad y los encuentros con otras civilizaciones, los cuales resultan elementales para la salvación humana en una historia con buenas dosis de drama, risas y empatía.

Ciencia para salvar a la humanidad

Proyecto Fin del Mundo se enfoca en el profesor Ryland Grace (Ryan Gosling), único sobreviviente de una misión específica: salvar a la humanidad de una hecatombe que promete acabar con ella. Esto debido a los astrófagos, una extraña y nueva especie con apariencia de pequeños puntos negros, la cual están devorando la energía calórica del Sol. Grace deberá encontrar la forma de detenerlos lo antes posible, y asegurar así nuestra existencia.

Una de las mejores cosas de esta adaptación por parte del escritor Drew Goddard (guionista del filme La Cabaña del Terror y de la serie Lost) es un argumento el cual traduce el factor científico  del proyecto (y su aparentemente complejo lenguaje), a algo perfectamente entendible y asequible para todos. Aunque la matemática y los experimentos son complejos, la capacidad que tiene Goddard para describirlos y hacerlos comprensibles es de aplaudirse. Y sabe apoyarse tanto en el carisma de Gosling como en el de su inesperado compañero de misión extraterrestre, Rocky, un alienígena de rocosa apariencia quien resulta ser un brillante ingeniero y se volverá el mejor amigo de Grace en el espacio. 

Todo lo planteado por la cinta tiene un sentido y justificación científica, justo como en la novela de Weir. Desde la forma de Rocky, los materiales empleados para sus investigaciones, la forma de descubrir y combatir a los astrófagos… todo tiene sentido. Miller y Lord logran capturar esa esencia además con un gran balance entre lo cómico y lo serio que rodea no sólo los peligros y riesgos existentes en la misión, sino la relación misma entre ambos héroes involuntarios en quienes recae el destino de sus respectivos planetas.

La amistad vs la soledad

Proyecto Fin del Mundo también resalta la amistad y la colaboración como respuestas a la soledad y la incertidumbre. Al principio, Grace (Gosling) no tiene ni idea de quién es o lo que debe hacer en el espacio. Paso a paso, arma este rompecabezas del porqué fue elegido. Pero es su conflicto interno lo más interesante. De inicio, parece ser solamente un maestro apasionado por su oficio y por la ciencia. Pero en varios momentos de la trama se ve asaltado por la duda, a pesar de demostrar constantemente su capacidad de realizar esta misión y comprender a cabalidad todas las raíces y ramificaciones del problema.

La vida solitaria del personaje se eleva exponencialmente en el espacio, donde aprende a ser astronauta profesional casi por su cuenta. Es ahí cuando conectamos en primera instancia con Grace, pues ese sentimiento de soledad deriva en un síndrome del impostor, algo que todos enfrentamos alguna vez. Curiosamente, ese factor ayuda al científico no sólo a encontrar soluciones y enfrentar la misión, sino también le impulsa al momento de conocer al el eridiano Rocky.

Algo detona dentro de ambos tras sus primeros encuentros cercanos. Grace se ve reflejado en Rocky, quien también es el único sobreviviente de su misión. Comparten una misión y ambos, al encontrarse el uno con el otro, se motivan entre sí a hacer lo necesario para salvar a sus respectivas especies. La amistad, ese rasgo irrefutable de nuestra humanidad y que tanto hemos olvidado últimamente, sale a flote aquí siendo esencial, pues es gracias a este vínculo y el instinto de cooperación entre dos completos extraños por lo cual la misión logra salir a flote y avanzar. Además, ello impulsa otro gran valor en la película: el heroísmo y las verdaderas motivaciones detrás de él.

Dar la vida por otro y el heroísmo involuntario

Proyecto Fin del Mundo toma esta idea desde el lado más humano posible, pues es a partir de las debilidades antes expuestas que Grace y Rocky encuentran el valor de hacer lo necesario con tal de conseguir su propósito, aun cuando podría costarles la vida. Ese es otro de los aspectos de los cuales se nutre la narración de Ryland, quien jamás había considerado poseer ese temple, sin por el contrario. Él mismo se cataloga como un cobarde.

Esa reflexión resulta interesante cuando se contrapone con el cómo Ryland termina participando (forzosamente) en esta aventura. Es en ese instante, punto climático del relato, donde tanto él como los espectadores nos percatamos de ese heroísmo latente, pero que no había logrado encontrar una motivación real para surgir. Siempre existirá (al menos para algunos) algo por lo cual estamos dispuestos a sacrificarlo todo. Quizás algo no tan grande como la existencia de la humanidad, sino algo más modesto: la esperanza de volver a casa o, tal vez, en esa sensación de tratar de preservar un lazo considerado importante, lo suficiente para luchar por él.

Ryland y Rocky: un dúo memorable

Buena parte del encanto de Proyecto Fin del Mundo (y es algo proveniente de la novela misma), es la dinámica entre Ryland y Rocky. La química surgida entre ambos personajes es vital para lo que sucede en la historia, pero también gracias a eso se esgrime una mirada optimista. Las diferencias y las barreras entre especies e incluso idiomáticas consiguen hacerse a un lado para encontrar una vía de coexistencia y colaboración pacífica los cuales envidiaría el mismo Steven Spielberg y sus Encuentros Cercanos del Tercer Tipo (1977). 

Gran parte de ese logro se debe a la estupenda labor de Ryan Gosling, quien básicamente carga con el peso de todo el largometraje. El actor se reencuentra con la labor espacial después de encarnar a Neil Armstrong en El Primer Hombre en la Luna (Chazelle, 2018), ofrece el completo opuesto de ese papel. Mientras ahí se comporta de forma estoica y solemne todo el tiempo, Lord y Miller explotan el gran rango que el histrión tiene para llevarlo por la tragicomedia en esta épica espacial.

La narrativa ayuda al espectador a conocer muchas facetas del científico, lo cual lo hace muy humano y lleno de empatía. Incluso -en un acierto del guion- usa el método del flashback para ir armando la compleja personalidad del mismo. Gracias a ello, pieza a pieza vamos comprendiendo por qué Grace es así y todo sus sentires incluyendo los momentos de las decisiones críticas. Ryan es capaz de transmitir todo, a veces incluso con una sola lágrima en el rostro o una sutil inflexión en su tono de voz.

Por otro lado está Rocky, quien si bien existe exclusivamente gracias a los efectos digitales para su creación, realmente funciona como referente para Grace. El diseño del mismo personaje, una especie de organismo de piel de roca que se desplaza como un artrópodo, le da una apariencia extraña pero familiar al mismo tiempo. Mientras Rocky gradualmente se da a conocer y este encuentro cercano se torna en amistad profunda, el filme va latiendo más fuerte en el corazón. 

Mención especial merece la actriz Sandra Huller, quien con su personaje de Eva Stratt, científica y la jefa del proyecto, se muestra distante pero firme, creyendo secretamente pero todo el tiempo en Grace, incluso cuando él duda de sí mismo. Y sus decisiones (a veces drásticas o cuestionables) son las que, al final de cuentas propician el encuentro entre Ryland y Rocky.

La banda sonora del Proyecto Hail Mary

La producción posee también otro aspecto impecable en su banda sonora. Primero, tenemos la composición de Daniel Pemberton, quien también musicalizó las entregas del Spiderverso animado. Sus notas describen no sólo los momentos épicos de la cinta, sino que mezclan muy bien los sonidos correspondientes a ambos personajes. La música con la cual acompaña a Grace es diferente a la del eridiano y cuando ambos entran en acción, las dos se conjugan perfectamente para acompañar la locura y el drama suscitado en pantalla.

Sumado a ello, tenemos una selección de canciones empatadas perfectamente a los momentos de la trama. El primer despertar de Grace se acompaña de “Sunday Morning Comin’ Down” de Kris Kristofferson, cantada por Ray Stevens; la aparición de “Two of Us” de The Beatles en un momento donde dicho tema sirve a aludir a dos significados, ni qué decir de “Gracias a la Vida” de Mercedes Sosa y la moderna “Sign of the Times” de Harry Styles, la cual funciona para revelar la cara más humana de Eva Stratt, un detalle de un instante pero muy importante para un argumento donde lo más pequeño siempre cuenta.

La salvación a través de la esperanza

Ciertamente lo más destacado en esta épica de ciencia ficción es ese recordatorio que nos ofrece sobre nuestra naturaleza humana. A veces nos sentimos tan superiores y peleamos entre nosotros por bienes, fronteras y más, encarando la mayor adversidad: nuestra extinción. Es ahí donde Proyecto Fin del Mundo resuena mucho más, pues no sólo Lord, Miller y Goddard abogan por la unión sobre la alienación, sino sobre la salvación misma a través de la esperanza expresada en los actos más humanos.

Se tocan también algunos puntos como la incapacidad de unirnos por el bien común o el exigir el sacrificio de alguien por el bien colectivo. Sin embargo, la historia de Weir y la cinta encuentran ese punto sublime el cual nos hace reflexionar sobre quiénes somos y cuál es nuestro verdadero valor. Preguntas que son con las que comienza nuestro protagonista, hasta llegar al punto de discernir entre lo que es lo correcto y lo que no, y hasta donde somos capaces de emprender algo por el bien de alguien más. Eso es un acto de valentía inigualable que es resaltado en esta épica de ciencia ficción llena de alma y corazón, pero sobre todo de humanidad y de unión.

Dirección: Phil Lord y Christopher Miller.

Guion: Drew Goddard, basado en la novela de Andy Weir.

Con: Ryan Golsing, Sandra Huller, Ken Leung y Lionel Boyce.

Fotografía: Greig Fraser.

Música: Daniel Pemberton.

Edición: Joel Negron y Chris Dickens.

Compañía Productora: Lord Miller, MGM, Amazon MGM Studios, Pascal Pictures, General Admission y Waypoint Entertainment.

Distribuidor: Sony Pictures México.

Fecha de estreno: Estados Unidos, 20 de marzo de 2026; México, 19 de marzo de 2026.

País: Estados Unidos, 2026.

Duración: 156 minutos.

Puedes ver el tráiler aquí.


Imprimir   Correo electrónico