“Roberto”, teatro con consciencia social

Las apariencias siempre son engañosas. Detrás de lo que puede ser una declaración de amor, puede existir una furia controladora y violenta, detrás de una persona aparentemente loca y con problemas, puede ocultarse una verdad más amarga oculta entre las sombras o prejuicios. Este tipo de cuestiones salen a flote con “Roberto”, montaje producido por Ignición Teatro, donde en cuatro actos vamos viendo la deconstrucción de una pareja trágicamente enamorada en lo que parecería un monólogo a forma de confesionario por parte del protagonista, Roberto, interpretado por Octavio Aguilar.

Dividida en cuatro actos y con una duración de 45 minutos, la obra nos presenta el silencio de una sala en la que el enamorado Roberto nos habla de su vida con Julia, sus ligeros problemas de comunicación ante una presencia ansiosa que, con el paso de la obra, va mostrando sus verdaderos colores. Aguilar muestra una cara de Roberto con la que empatizas inicialmente debido a la forma en que dice las cosas, como un enamorado empedernido que está dispuesto a todo porque su relación con Julia funcione.

Pero ¿dónde está Julia? Durante tres de los actos vamos conociendo retazos de ella, de su pasado, sus problemas, su personalidad y hasta su apariencia física. Pero es en un momento, donde ella desaparece súbitamente del lado de Roberto, que los secretos más amargos de la pareja comienzan a develarse. Y es que detrás de la intimidad que te ofrece una puerta, todo cambia. Roberto va presentando cambios drásticos conforme el relato avanza, mostrando brevemente las grietas en su carácter que levantan las cuestiones más difíciles de este romance.

La puesta en escena es minimalista, solamente depende de esta sala en la que los testimonios se van convirtiendo en un infierno que muchas personas viven en su vida cotidiana. Esto es una ventaja para la dramaturgia de Isadora Cabrera, pues puede ir desarrollando a Roberto a placer. Gracias a la capacidad de Octavio Aguilar, esa deconstrucción del joven enamorado hacia una persona totalmente diferente a la que construye, resulta atractiva, especialmente cuando detona con las interacciones de la hermana de Julia y si, con la novia misma hacia el punto climático.

Cabrera busca exponer muchas problemáticas dentro de su montaje, especialmente al enfocarse en este caso en la violencia doméstica y, sobre todo, de género, mostrando el perverso lado de la relación entre víctima y victimario. Cuestiones como la perpetuidad de los ciclos de violencia, de las apariencias, lo que somos contra lo que decimos ser, pero sobre todo la cuestión de tener al agresor como un protector, alguien de quien no puedes separarte aun cuando sabes que no es bueno para ti.

La obra también toca esos puntos de las enfermedades mentales derivadas de alguna forma de abuso, además de las complicadas relaciones familiares, mismas que se ven enfrentadas a historias de abuso que suelen ser comunes, pero poco reveladas, ya sea con padres abusivos o alguna otra persona que ha violentado a una mujer. Asimismo, el silencio violento de las relaciones tóxicas también sale a flote. Si algo hay que reconocer de esta dramaturgia es el querer mostrar este tipo de problemas para generar una reflexión que derive en un cambio.

Es en eso que destaca también el propósito del colectivo Ignición Teatro, hacer dramaturgias actuales en las que se busca ilustrar situaciones que dejen al público pensando, todo a través de un estilo naturalista que expone las emociones sin tapujos. Asimismo, la visión de las codirectoras Claudia Miranda y Alhelí Martínez, le da un toque más sensible a este relato acerca de las violencias ocultas detrás de la intimidad de una pareja, exhibiendo problemas como la manipulación y el control a través de una figura que disfraza todo.

La experiencia de esta obra es sincera, brindando un único espacio en el que la sutilidad de lo planteado cobra fuerza por el histrionismo de los personajes y su desenvolvimiento, ya sea en la parte casi de monólogo como en las interacciones que vemos entre los actores de la puesta en escena. Roberto entonces se puede definir como una radiografía de una relación construida a base de mentiras, un hogar roto que oculta en medio de las frases de Los Amorosos de Jaime Sabines, todo el dolor y sufrimiento que viven o ejecutan, tanto Roberto como Julia, en una antítesis de lo que era el romance idílico de Romeo y Julieta de Shakespeare.

Las obras del colectivo se han presentado en recintos como el Centro de Desarrollo Social Mixcoac, el Teatro Ignacio López Tarso, , el Centro Cultural Raíces y el FARO Indios Verdes.


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