Una gran disculpa por estas semanas en que la columna ha sido algo errática, está por demás decir que estuve en muchos lugares. Luego de saltar en el KnotFest, estuve en Guadalajara en el Coordenada donde disfrutamos la locura de Wolfmother y excelentes presentaciones; y rematamos en Monterrey con la primera edición del Festival NorthSide, el cual se encargó de llevar a Kiss y a Twisted Sister, además de una decena de bandas extranjeras que sin duda lograron poner el calor a pesar de la lluvia y un intenso frío.
Pero eso ya quedó en el pasado. Ahora veo con alegría que estamos en diciembre, y a pesar de que ya pasó noviembre aún es es tiempo de platicarles de una agrupación que llegó a mi correo a inicios del mes pasado y que tenía ganas de platicar, no sólo por su música, sino por la creatividad que tienen en sus presentaciones.


Cuando eres fan de algún cantante o algún grupo musical, tu objetividad se pierde entre la música y los ritmos de aquel disco que tanto te encantó. Sin embargo, buscaré ser lo más objetivo posible.
Ya pasaron varios días de aquel festival llamado KnotFest, disculpen que apenas les esté hablando de esta celebración, la cual ya se confirmó su edición para el 2017. Y es que ya me cuesta trabajo recuperarme de estos festivales, no por tantos decibeles que recibo, sino por toda la energía que se libera durante esas horas festivaleras: corriendo de un escenario a otro, aguantar los empujones, slam (aunque tú no quieras, pero la música te mueve e incita), sol, frío, etc.
En el mundo del rock escuchas muchas cosas, que si una banda plagia a otra, que si un miembro de un grupo violentó a su pareja, que le bajaron el audio porque se había pasado de tiempo en su presentación, etc.
Esta semana se inauguró en la ciudad de México un festival underground llamado Octubre Negro, donde se junta el arte y la música del subterraneo, aquello que no encuentra cabida en el mainstream.