Críticas
En Los Jardines del Rey, un poco de caos armoniza el mundo
Cuando uno lee que Alan Rickman es el director de En Los Jardines del Rey (A Little Chaos) uno no puede más que sonreír al imaginar a Severus Snape detrás de cámaras, o quizá imaginar la forma en que Hans Gruber o el sheriff de Nottingham ponían orden en el rodaje. Pero esos pensamientos rápido son dejados atrás al recordar que también dirigió The Winter Guest (1997), un cálido film sobre las relaciones humanas, y que esta, su segunda cinta, es un adorable drama que sin buscar revolucionar el cine, nos ofrece una historia de cómo luchar contra las adversidades y sobreponerse al dolor.
El arquitecto del paisaje, Monsieur André Le Nôtre, es comisionado por el rey Luis XIV de Francia para crear los jardines que engalanarán el palacio de Versalles. Tras consultar a diversos diseñadores decide contratar a Sabine De Barra, viuda con una capacidad nata para el desarrollo de jardines, encomendándole la construcción de un salón de baile al aire libre con temas de la naturaleza. Su relación pronto cimbra el mundo de los dos y llega a tocar la sensibilidad del rey.
Los Minions, servir al mal no siempre es divertido
Con el antecedente de las cintas de Mi Villano Favorito (Despicable me) donde los personajes secundarios, los ayudantes del criminal, se convirtieron en los que se robaron la película, uno esperaría que la cinta dedicada exclusivamente a ellos, Los Minions fuera una cascada refrescante llena de risas y grandes momentos. Y lo es. Sí, si tienes cinco o siete años, porque más allá de esas edades te quedarás en espera de algo más que parece nunca llegará.
Durante el proceso evolutivo surgen los Minions, unas agradables criaturas amarillas cuya mayor ambición y propósito en la vida es la de servir a los grandes villanos. Tras hacer fracasar a su más reciente amo se autoexilian en el polo. Muchos años después tres de ellos se embarcan en una misión para hallar a uno nuevo al cual servir.
Los Bañistas, el choque de las generaciones en el México de hoy
La Opera Prima de Max Zunino, Los Bañistas, es una de las raras cintas mexicanas donde lo que se muestra en pantalla no suena a pretensión ni se cree inventora del hilo negro, la película es una gran película que une a dos generaciones y que muestra los puntos en común y lo que las distancia, un drama social que sin duda retumbará en los espectadores que se atrevan a darle una oportunidad.
Flavia y Martin viven en el mismo edificio, el cual está rodeado de casas de campaña de huelguistas. La radio no deja de anunciar el paro educativo vive el país. Flavia se encuentra a sus veintitantos de golpe sin escuela y sin departamento. Martin se encuentra a sus 65 años sin trabajo y sin esperanzas de encontrar uno. Las circunstancias los llevan a compartir departamento y tener que lidiar con las obsesiones de cada uno.
Tierra de Cárteles, el descenso a los infiernos mexicanos
Cuando Matthew Heineman escuchó de un grupo de ciudadanos que vigilaban la frontera Estados Unidos-México para tratar de impedir que cruzaran por sus terrenos narcotraficantes, el tema le pareció lo suficientemente atractivo para hacer un documental al respecto, su familia al poco tiempo le platicó de que en las noticias se hablaba de que en México un grupo de ciudadanos buscaba parar a los narcos en Michoacán, con la ayuda de un amigo logró entablar contacto con el grupo de autodefensas liderado por José Manuel Mireles. El resultado de su trabajo es el documental Tierra de Cárteles.
Muros, un viaje a la separación
Gregorio Rocha es un documentalista con una visión muy particular del mundo, lo que le hace traspasar su mirada a los trabajos realiza y provoca que el espectador se enganche con lo que ve en pantalla y se quede reflexionando. En esta ocasión, su nuevo trabajo es Muros, una mirada al mundo en el que vivimos, donde nos separamos del otro por medio de franjas visibles o invisibles que nos impiden conocer a nuestros vecinos.
Muros es una carta de amor de un padre a su hijo, un legado sobre el mundo que le toca a uno vivir y al otro explicar, el realzar el absurdo de las fronteras, de las segregaciones, de poner siempre cosas que separen al ser humano, uno del otro.










