Al igual que Superman, que le siguieron 3 secuelas de menor calidad, Batman no pudo sostener su éxito al entrar los noventas ya que el personaje que llevó Burton a la pantalla por segunda ocasión en Batman Regresa (Batman Returns, 1992), si bien era lo suficientemente oscuro, su contraparte en cómic se había vuelto más oscura aún en esa misma época; historias como The Dark Knight Returns (1986), The Killing Joke (1988) y A Death in the family (1988-1989) eran el camino a seguir, sin embargo, los productores pensaron que sería mejor dejar al Batman cinematográfico en clasificación Para toda la Familia y optaron por volverlo más caricaturesco, infantil y soso, dando como resultado las dos cintas que más odia todo Bati-Fan: Batman Eternamente (Batman Forever, 1995, Dir. Joel Schumacher) y Batman y Robin (Batman & Robin, 1997, Dir. Joel Schumacher) y le enseñó a Hollywood que los grandes nombres (Val Kilmer, Nicole Kidman, Jim Carrey y Tommy Lee Jones en la cinta de 1995 y George Clooney, Chris O’Donnell, Alicia Silverstone, Arnold Schwarzenegger y Uma Thurman en la de 1997) no garantizan el éxito.
En el post anterior, hablábamos sobre las películas seriales de superhéroes como Superman, Batman y El Fantasma; de cómo los dos primeros mantuvieron vivo el género desde la trinchera de la televisión y de cómo Superman, La Película (Superman: The Movie, 1978, Dir. Richard Donner) le dio un nuevo aire al cine de superhéroes, sin embargo, mucho antes de que pudiéramos gozar de películas como Batman Inicia (Batman Begins, 2005, Dir. Christopher Nolan) y Thor (2011, Dir. Kenneth Branagh), hubo una época en la que los Caballeros de la Noche usaban batipezones y bati-tarjetas de crédito y las Tortugas Ninjas tenían que ser hechas con animatronics (técnica legendariamente ancestral hecha a base de marionetas electro-mecánicas y condenada al olvido a partir de la aparición de los grandes saurios digitalizados).


La película 25 Watts (2001), de Juan Pablo Rebella y Pablo Stoll, narra un día en la vida de tres amigos que viven en Montevideo. Son 24 horas, de un sábado común y corriente, en las que Javi, Seba y Leche viven en la cotidianeidad, compartiendo el aburrimiento, la monotonía y desesperanza ante el futuro.
Ni la lluvia torrencial ni el aire helado lograron apagar el ánimo de los asistentes al primer concierto de Radiohead en la Ciudad de México de éste 2012, vamos ni la olvidable actuación del primer grupo abridor, Other Lives, que fue percibido por muchos como música de fondo que interrumpía sus charlas logró disminuir el entusiasmo de los expectantes al evento en el Foro Sol.
Ahora que viene el estreno de Los Vengadores (Avengers, 2012, Dir. Joss Wheddon), no puedo evitar sentir envidia de las nuevas generaciones que no tuvieron que sufrir bodrios cinematográficos como el Punisher de Mark Goldblatt por allá de 1989, en donde Rudolph Lundgren interpreta fallidamente a un Frank Castle que vive en las cloacas (¿Qué no esas eran las Tortugas Ninja?), o El Juez (Judge Dredd, 1995, Dir. Danny Cannon) con un guión más inflado que los mismísimos músculos de Stallone, así que para todos los fanáticos que nacieron después de 1990, los que ni siquiera tuvieron que padecer al Red Skull italiano y con cirugía plástica de la versión del Capitán América con Matt Salinger (1990, Dir. Albert Pyun), les traigo un recorrido por lo mejor (y lo peor) del cine de Superhéores.